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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Dos sexos. Sobre el papel del aspecto sexual del amor en la Evolución
 

Sexología/Dos sexos. Sobre el papel del aspecto sexual del amor en la Evolución


Dos sexos. Sobre el papel
del aspecto sexual del amor en la Evolución

La tendencia principal de los procesos que tienen lugar en el Absoluto, tal como fue planificado por el Creador, es el desarrollo de las conciencias (o almas) y la fusión de Aquellos Que alcanzaron la Perfección en Uno Solo, en el Unido Nosotros, que es el «Yo» Superior (o Paramatman).

En el proceso de evolución de las especies biológicas dirigido por el Creador, la mayoría de los seres que habitan en la Tierra fueron divididos en dos sexos opuestos. Este también es nuestro caso en tanto que seres humanos.

Desde el punto de vista genético, la reproducción sexual tiene ciertas ventajas sobre los otros tipos de reproducción. Una de éstas consiste en que la reproducción sexual acelera el proceso de formación de nuevas variaciones dentro de las especies biológicas, lo que, a su vez, contribuye a su adaptación a las condiciones ambientales siempre cambiantes (principalmente, climáticas) y, por lo tanto, a su sobrevivencia.

Sin embargo, ahora para nosotros es importante considerar el otro aspecto, a saber, que las diferencias sexuales anatómicas, fisiológicas y psicológicas no están destinadas —desde la perspectiva psicológica— a separar, sino, por el contrario, a enseñar a los representantes de sexos opuestos a acercarse, a unirse y a fusionarse en uno solo.

En cuanto a nosotros, las personas, es importante entender que el proceso de unión, de fusión de las almas por medio de las emociones del aspecto sexual del amor es lo que nos prepara para la Unión con Dios. (No obstante, en este caso no debemos confundir el amor verdadero con la pasión sexual egoísta; ésta última no es el amor, sino la lujuria o, en otros términos, el deseo sexual egoísta). Las personas que no han aprendido a amarse unos a otros tampoco podrán alcanzar la Unión con Dios, ¡pues para enamorarnos de Dios, debemos tener la facultad desarrollada de amar, de enamorarnos y de unirnos en las emociones de amor!

Sólo después de aprender a amar plenamente a los pequeños y grandes objetos de la Creación, llega el tiempo de aprender a enamorarnos de Dios, sin dejar, sin embargo, de amar a estos grandes y pequeños objetos (pero ya no debemos enamorarnos de éstos).

Sobre cómo podemos aprender a amarnos unos a otros, a los demás objetos de la Creación y luego a Dios Mismo, el Creador nos ha explicado mucho. Pueden encontrar información acerca de esto en los libros [15-25].

El verdadero enamoramiento es la sensación de la propia consustancialidad con los objetos o con el objeto al cual dirigimos nuestro amor. Debemos aprender tal unión de las almas primero en el mundo de la Creación, y sólo después, cuando nuestras mentes maduren lo suficiente como para ser capaces de comprender la Grandeza de Dios, podremos dirigir nuestro amor desarrollado hacia Él.

El proceso de conocimiento de Dios no puede realizarse de otra manera que no sea a través de la refinación gradual de la conciencia, lo que permite conocer toda «la escala de emanaciones» (hablando en el lenguaje de Juan Matus [21]) o, en otras palabras, todos los estratos (eones, lokas) del espacio multidimensional. La Conciencia Primordial (o el Creador) es Lo Sutilísimo según esta escala.

¡Y cabe destacar que las emociones del amor tierno, armonioso y sexualmente coloreado refinan las conciencias!

Después de enamorarnos de Dios, nosotros, como almas desarrolladas, nos unimos gradualmente con Él.

Y luego desde Él, desde el estado de Consustancialidad con Él, ayudamos a otros seres encarnados en su desarrollo.

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