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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Zonas erógenas
 

Sexología/Zonas erógenas


Zonas erógenas

Las zonas erógenas pueden ser genitales o no genitales [41,50,65,69 y otros]. El cuerpo femenino tiene una mayor variedad de estas zonas en comparación con el masculino. En el contexto de este libro, es importante examinar este tema junto con algunos problemas de la psicología sexual.

«Todas las mujeres son iguales» es lo que podemos oír frecuentemente de los varones que quieren pretender ser «experimentados». Pero, en realidad, sólo una persona egocéntrica y primitiva puede decir algo así. La verdad es que es difícil encontrar dos mujeres similares desde el punto de vista sexual. Pero sólo aquel que no busca en las relaciones sexuales el placer para sí, sino para su pareja puede conocerlo.

Las mujeres no son similares en cuanto a las caricias que son adecuadas para cada una.

Tampoco son similares en cuanto al tipo de coito que puede proporcionarles el placer más intenso y la satisfacción más completa. Esto depende de la zona erógena genital que prevalece en cada mujer.

Por ejemplo, el clítoris es la zona erógena más sensible de algunas mujeres, lo que no les permite alcanzar la satisfacción durante el coito realizado en esa forma «inexperta» y vulgar que es típica de los varones cuando recién comienzan su vida sexual. No obstante, es posible alcanzar un alto nivel de armonía con tales mujeres (y con casi todas las mujeres) si antes del coito el varón acaricia suave y tiernamente, de manera transversal o longitudinal, el clítoris de su amada con su mano durante mucho tiempo.

Además, él puede acariciarlo también durante el coito, lo que puede proporcionar a las sensaciones una belleza adicional.

Otras mujeres tienen un pronunciado tejido eréctil y una pared vaginal frontal erógena debajo del hueso púbico. Para tales mujeres también sólo algunas formas bastante específicas de unión sexual serán adecuadas.

Adicionalmente, podemos distinguir varios grupos de mujeres cuya zona erógena genital predominante es la parte más profunda de la vagina, o el cuello uterino, o la parte media de la pared frontal de la vagina, o su entrada, o todas sus paredes.

También hay una gran variedad de zonas erógenas no genitales, tales como las glándulas mamarias, la piel de la cara y de la espalda al nivel de los omoplatos, del sacro y de las nalgas, el cuero cabelludo, los lóbulos de las orejas, los brazos y las piernas en toda su extensión y especialmente los pies. Por ejemplo, algunas mujeres son capaces de alcanzar un orgasmo pleno como resultado de prolongadas y tiernas caricias de sus pezones. Para otras, en cambio, estas partes del cuerpo no son zonas erógenas en absoluto.

A veces existen desviaciones de la sensibilidad erógena de ciertas zonas. En tales casos, al tocarlas se produce incomodidad o incluso dolor. Por ejemplo, conocí a una mujer cuya vagina entera era siempre extremadamente sensible, de manera que el sólo tocar una parte de ésta le causaba dolor, aunque los ginecólogos no encontraron ningún proceso inflamatorio en esa área. En el caso de otra mujer, cualquier contacto con las paredes vaginales le causaba una sensación insoportable de cosquilleo, pero, en cambio, ella tenía un clítoris extremadamente erógeno.*

El funcionamiento de las glándulas «lubricantes», que preparan la vagina para la relación sexual, también varía de mujer a mujer. En algunos casos, estas glándulas trabajan intensamente. En otros, hay mujeres cuya vagina permanece casi seca luego de un juego previo prolongado o incluso luego de un orgasmo provocado por las caricias de las zonas erógenas extravaginales. En el último caso, una relación sexual será armoniosa sólo si se utiliza algún tipo de lubricante íntimo.

Así que, la tarea del varón consiste en estudiar a su compañera y en tratar de llenarla con armonía. Y sólo entonces ambos estarán bien.

Aprender a buscar la dicha, la armonía y el deleite para su pareja, ésta es una de las posibilidades para el autodesarrollo espiritual a través del aspecto sexual del amor.

En cambio, cualquier acto de indulgencia hacia el propio egoísmo, ni hablar del desarrollo intencional de éste, es el camino hacia la degradación espiritual.

Nadie posee el conocimiento innato sobre la psicología sexual del sexo opuesto.

Los varones originalmente no saben que, por ejemplo, pueden preparar a una mujer para las relaciones sexuales no a través de propuestas verbales, ni a través de demostrar sus rasgos masculinos, ni tampoco a través de la violencia (el peor de los casos), sino a través de la ternura y las caricias, con la particularidad de que éstas no deben contener en ningún caso ni siquiera los más mínimos elementos de grosería. Por ejemplo, no se debe dar palmadas, apretar ni estrujar. Por el contrario, los toques ligeros y tiernos, a veces realizados incluso «casi sin tocar», serán agradables para una mujer.

En un principio, los varones tampoco saben que el dinamismo al comienzo del coito es, por lo común, desagradable para una mujer y que la verdadera armonía puede ser alcanzada justamente durante un coito prolongado.*

El varón tampoco sabe que no debe abandonar el lecho nupcial demasiado pronto después del coito. Pues para su amada es adecuado recibir sus caricias (por ejemplo, en la espalda) por un tiempo prolongado luego del orgasmo, permaneciendo acostada y abrazada con él.

El varón no sabe que cuando una mujer da su consentimiento para una relación sexual, ella tiende a confiar completamente en él y que en esta situación es su responsabilidad preocuparse por la prevención de un embarazo no deseado.

Los abortos son, sin duda, algo malo. Pero ¿quién tiene la culpa? Pues son los varones en la mayoría de los casos, y no las mujeres.

A propósito, uno de los métodos de tal prevención es la eyaculación fuera de los genitales de la mujer.*

La adaptación del acto sexual a las etapas fértiles o infértiles del ciclo menstrual no constituye un método contraceptivo confiable, ya que la concepción puede ocurrir en cualquier etapa de este ciclo y lo que varía en este caso es sólo su probabilidad, la cual nunca se reduce a cero.

Considero que cada varón debe seguir siempre la regla de no eyacular en los genitales de la mujer sin su consentimiento explícito para ello.

Como ya hemos dicho, un varón originalmente no sabe cuán diferentes son las mujeres desde el punto de vista sexual.

Y la mujer no sabe que el varón sin experiencia no lo sabe y no puede saber todo esto.

Estudiando la psicología del sexo opuesto a través de una vida sexual altruista y no egoísta, una persona se acerca a la posibilidad de realizar uno de los mandamientos fundamentales de Jesús el Cristo según el cual el varón y la mujer deben llegar a ser uno (el Evangelio de Tomás, 27; ver [61]). ¿Qué significa esto?

Significa que en el Camino hacia la Perfección, cada uno, sin importar su sexo, debe desarrollar las mejores cualidades de ambos sexo. Después de todo, el Dios Universal, a pesar de ser llamado por la gente como Dios Padre, en realidad, no tiene sexo. Y, cumpliendo el mandamiento de Jesús el Cristo «Sean perfectos, como su Padre Celestial es Perfecto» (Mateo 5:48), los varones deben cultivar dentro de sí las cualidades propias de las mejores mujeres: la dulzura, la ternura, el cuidado atento, la facultad de perdonar, de esperar. Y las mujeres, en cambio, deben desarrollar la energía, la facultad de liderar sabiamente, el anhelo de conocer lo desconocido, la aspiración a la meta.

Por supuesto, las mejores cualidades del propio sexo también deben ser desarrolladas hasta la perfección, mientras que las negativas deben ser eliminadas.

El Camino espiritual es, primero que nada, el perfeccionamiento ético, el cual debemos practicar en todo momento y en todo lo que hacemos, incluso en el aspecto sexual del amor (ver también [14-25]).

* * *

Cuando un varón acaricia a su amada, sus movimientos deben ser, por regla general, tiernos, suaves y tranquilos. Entonces la mujer entra en los estados sutiles extáticos de la conciencia y el varón, sintonizándose con ella y uniéndose con ella con la conciencia, también experimenta estos estados muy valiosos. Gracias a esto, tiene lugar el aumento del potencial Átmico de la kundalini de ambos compañeros, un proceso muy importante para la evolución personal, aunque oculto de la mirada física [25].

Además, ambos compañeros pueden de esta manera conocer y acostumbrarse a los estados paradisíacos y luego a los estados aún más altos de éxtasis sutil.

Pues debemos entender que uno de los componentes más importantes del desarrollo espiritual es la refinación de la conciencia. ¡A través de esta refinación, nos acercamos al conocimiento de la Conciencia más sutil de todas las conciencias, la Conciencia del Creador! [15-19,21-25]

Ésta es Su Idea para nosotros en lo que concierne al aspecto sexual del amor.

* * *

Si un varón no está seguro de que pueda llevar a su amada al orgasmo a través del contacto genital, puede inducirlo con su mano (limpia, por supuesto) acariciando sus zonas erógenas genitales más sensibles y sólo después proseguir al coito.

Debe tenerse en cuenta que en el caso de casi todos los varones la actividad sexual decae naturalmente entre los 45 y 55 años. (A esta edad también comienza la menopausia en las mujeres). Y es entonces, entre otros casos, cuando será muy oportuno recordar la recomendación dada en el párrafo anterior.

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