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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Sexualidad y ética
 

Sexología/Sexualidad y ética


Sexualidad y ética

Empecemos por analizar el problema del debilitamiento de la función sexual en las personas jóvenes. Debemos ser conscientes de que en muchos casos esto es una indicación de que algo anda mal en el organismo. Podemos tratar de estimular el aparato reproductor con la ayuda de medicamentos, pero no es un método confiable. Pues el efecto de los medicamentos cesa, pero el problema sigue ahí mientras su causa no haya sido eliminada.

Existen dos enfoques en el tratamiento de las enfermedades: el primero consiste en «suavizar» las manifestaciones externas (síntomas) tomando medicación, visitando psicoterapeutas, sanadores, etc., mientras que el segundo consiste en eliminar las causas de la enfermedad.

Toda enfermedad debe ser considerada como una consecuencia de nuestros errores éticos cometidos en la interacción con las personas, con otros seres vivos o con Dios, así como por nuestra negligencia ante la necesidad de progresar siempre espiritualmente o por la indulgencia ante nuestras debilidades. Otra cosa que debemos recordar es que pueden ser duraderos sólo aquellos resultados que hemos obtenido en la resolución de uno u otro problema serio con nuestros propios esfuerzos, y no con los de otros. Por lo tanto, la ayuda verdadera en una situación difícil es brindada no por aquel que resuelve el problema por nosotros, sino por aquel que nos apunta la dirección hacia la cual debemos dirigir nuestros esfuerzos.

Gracias a sus propios esfuerzos, el hombre también puede realizar sus capacidades latentes en la autorregulación psíquica, lo que implica, ante todo, el control sobre la propia esfera emocional. A través de esto, él o ella se libera de muchas enfermedades y obtiene la posibilidad de controlar su esfera sexual.

Las relaciones sexuales son legítimas. ¡La moral pseudoreligiosa pervertida del pasado lejano que las declaró bajas, vergonzosas y sucias no debe ser aplicada a las personas cultas de nuestro tiempo!

Ya en el Evangelio apócrifo de María Magdalena, datado del siglo I, hubo un intento de proclamar el amor sexual como uno de los aspectos legítimos del gran amor. Con su ayuda el hombre puede correctamente, desde las posiciones espirituales, aprender a darse al otro, a cuidar al otro, a ocuparse de él o ella y a desarrollar su esfera emocional saturándola de emociones tiernas y sutiles.

De acuerdo con la definición de la OMS de 1977, las relaciones sexuales enriquecen la personalidad, mejoran las habilidades comunicativas e incrementan la capacidad de amar.

Incluso la iglesia ortodoxa rusa lo ha reconocido.*

Con todo, el reconocimiento de las relaciones sexuales como legítimas, y no como bajas y vergonzosas, no es una llamada al sexo casual. Ahora no tiene sentido repetir las verdades bien conocidas acerca de las enfermedades de transmisión sexual, el SIDA, etc. Es suficiente sólo recordar lo que hemos dicho sobre los aspectos bioenergéticos de las relaciones sexuales para concluir que el sexo casual es inadecuado. También es necesaria la práctica de una abstinencia razonable para refrenar las propias pasiones primitivas y obtener el control volitivo sobre éstas a causa del desarrollo espiritual personal.

Si hablamos sobre el sexo desde la perspectiva de la autoperfeccionamiento religioso, considero apropiado citar dos fragmentos del Evangelio, ya mencionado, de María Magdalena*:

12. (…) Le pregunté: «Maestro, ¿cómo puedo yo, una pecadora, medirme con los Apóstoles?».

13. Él me contestó: «Lo pecaminoso en este mundo es virtuoso en el reino de Mi Padre».

20. Ellos me tomaron y quisieron apedrearme. Yo, pecadora, amé a un varón que estaba casado y tenía tres hijos. Los parientes de su esposa me trajeron a la plaza y empezaron a gritar con voz fuerte: «¡Matemos a la adúltera! ¡Ella profanó la ley!».

21. Entonces vino el Cristo y les dijo: «¡Aquel que se considera sin pecado, tire la primera piedra!». Y así hizo el Hijo del Hombre que la muchedumbre se dispersara.

22. Después Él se me acercó y se arrodilló frente a mí.

23. (…) Yo ardía de vergüenza y miedo. Algo sublime estaba ocurriendo en mi alma. Caí en la tierra y sollocé. Él acariciaba mi pelo y decía:

24. «Mi querida hermana, halla las fuerzas para escucharme. Mucho mal existe sobre esta Tierra, muchas mentiras han sido dichas por el malvado. Olvídate de que eres una pecadora y dime: ¿tu corazón vive cuando amas?».

25. «¡Vive, Señor! Cuando no amo está muerto».

26. «¡Entonces ama, hermana celestial, y no peques más pensando que eres una pecadora!».

Estas palabras están en total acuerdo con la orientación general de las Enseñanzas de Jesús, la esencia de las cuales es la siguiente:

Para aprender a amar a Dios, uno debe poseer una facultad desarrollada de amar emocionalmente. Esta facultad se adquiere a través del desarrollo de las estructuras bioenergéticas correspondientes, que son, en realidad, los órganos del amor emocional. Entre estas estructuras, el chakra anahata desempeña el papel principal.

El desarrollo de las estructuras del organismo responsables del amor emocional, llamadas conjuntamente «centro emocional», [103] puede lograrse tanto de manera natural, exotérica (a través del desarrollo de la actitud ética correcta hacia cada persona y hacia todos los otros seres vivos en todos los aspectos de la vida, incluyendo las relaciones sexuales) o por medio de métodos especiales, esotéricos, de trabajo con las estructuras mencionadas.

Sólo si hemos desarrollado este «centro emocional», podremos dirigir nuestro amor hacia Dios también, y no sólo con nuestras mentes, sino también con nuestros «corazones». Pues el amor emocional es el mecanismo que conecta a una persona con otra y a una persona con Dios.

Las Enseñanzas de Jesús el Cristo contienen muchas instrucciones sobre cómo aprender a amar emocionalmente con la ayuda de los métodos exotéricos. Veamos, por ejemplo, los siguientes preceptos del Nuevo Testamento:

«Un mandamiento nuevo les doy: ¡Que se amen unos a otros! (…) De este modo todos sabrán que son Mis discípulos, si se aman los unos a los otros» (Juan 13:34-35).

«¡Éste es Mi mandamiento para ustedes: Que se amen unos a otros!» (Juan 15:17). «¡Ámense los unos a los otros con amor fraternal (…)!» (Romanos 12:10). «¡Salúdense unos a otros con un beso sagrado!» (2 Corintios 13:12).

«Sobre todo, tengan amor ferviente entre ustedes, porque el amor cubre multitud de pecados» (1 Pedro 4:8).

«Si alguien dice: “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, ¡es un mentiroso! (…)» (1 Juan 4:20).

«¡Amados! ¡Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios! (…)» (1 Juan 4:7).

«Dios es Amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él» (1 Juan 4:16).

* * *

El amor emocional tiene múltiples aspectos. Puede manifestarse como admiración, respeto, devoción, afecto, atención, compasión, gratitud, sensación de ser uno con el objeto del amor, ternura con matices sexuales, disposición para el sacrificio de uno mismo y así sucesivamente. Debemos aprender todos estos aspectos del amor en el camino de nuestro desarrollo espiritual.

Pero no necesariamente debemos amar a cada persona concreta con todos los aspectos del amor.

* * *

Afirmando que las relaciones sexuales pueden desempeñar un papel importante en el avance espiritual de una persona, planteemos la siguiente pregunta: ¿tienen la razón aquellos que hacen el voto del celibato en diferentes corrientes religiosas?

Sí, ellos también —a su manera— tienen la razón.

El hecho es que existen muchas personas para las cuales el sexo egoísta es lo más importante en sus vidas. Su rasgo principal es la lujuria que determina todo su estilo de vida y que frecuentemente viene acompañada con la violencia ruda en las relaciones sexuales, con la indiferencia hacia los intereses del compañero y con el vampirismo bioenergético. Para tales personas, sí, es necesario aprender a controlar sus pasiones primitivas.

A propósito, la causa del vampirismo bioenergético es precisamente el amor pervertido, es decir, el «amor» hacia uno mismo que incluye también el deseo de recibir del compañero en vez de darle, regalarle el propio amor. Pues en muchos casos, son nuestras emociones las que ponen en movimiento nuestras bioenergías. De esta manera podemos llenar a otras personas con bioenergía vivificante o, por el contrario, quitársela.

Si tenemos amor correctamente desarrollado (amor que se manifiesta en darse al otro), tenemos la posibilidad de alcanzar un alto nivel de armonía en las relaciones con otras personas de la misma índole.*

O podemos convertir nuestra vida con otros en una pesadilla (tanto para ellos como para nosotros) si empezamos a tratar a los demás de una manera consumista y a querer algo de ellos. En este caso, las personas de las cuales queremos algo empiezan a sentirse agotadas y en ellas surge un intenso deseo de evitar el contacto con nosotros. Así que, podemos decir que la mejor manera de destruir el amor es querer el amor de otra persona.

Con relación a lo dicho, reflexionemos también sobre otra manifestación del amor pervertido, que son los celos.

* * *

«Tres son las puertas del infierno donde el hombre perece: la lujuria, el enojo y la codicia. ¡Por eso el hombre debe renunciar a estas tres! ¡El que se ha liberado de estas tres puertas de las tinieblas, crea su propio bien (…) y alcanza la Meta Suprema!» (Bhagavad-Gita, 16:21-22)[24].

Por lo tanto, aquellos que tienen un deseo sexual descontrolado o egoísta están en lo cierto cuando tratan de suprimirlo —por medio del celibato u otras autorrestricciones— con el fin de acercarse a la Perfección espiritual.

Pero también están en lo cierto aquellos que, al no tener los mencionados defectos del amor, usan las relaciones sexuales como una escuela para progresar espiritualmente.

La esencia misma del desarrollo espiritual de una persona se reduce a una sola cosa: desarrollar el amor perfecto hacia todos y hacia Todo [15-25]. En este Camino —durante sus diferentes etapas— pueden utilizarse diferentes métodos, que a veces parecen contrarios.

A propósito, Krishna, Quien dijo las palabras mencionadas anteriormente del Bhagavad-Gita, tenía esposas e hijos.

Recordemos que las relaciones sexuales pueden desempeñar un papel positivo para nosotros siempre y cuando mantengamos una actitud éticamente correcta hacia éstas. Que el objetivo inicial en este caso para cada uno sea aprender a no querer para sí nada de nadie jamás.

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